El documento es una guía para la creación de historias audiovisuales que contribuyan a una sociedad más igualitaria, diversa y libre. En su nueva versión, destaca la incorporación de una mirada interseccional a la igualdad de género, así como nuevas ilustraciones creadas por Ximena Ríos.
«Los contenidos audiovisuales siempre han sido medios de comunicación masiva y, por lo tanto, potenciales y poderosas herramientas de transformación social. El cine, la televisión, la publicidad, e incluso un video grabado con el móvil para redes sociales, interpretan el mundo desde distintos puntos de vista, pero también pueden cuestionar el relato y provocar cambios.»
Así empieza el ‘Decálogo de buenas prácticas para construir relatos más igualitarios y diversos’ de CIMA, un documento dirigido principalmente a jóvenes pero también a docentes y cualquier persona interesada en analizar y crear historias en formato audiovisual.
Hace 5 años CIMA elaboró un Decálogo de buenas prácticas con el objetivo de trasladar a la juventud la importancia de incorporar una mirada feminista al ver y crear contenidos audiovisuales. Ideado desde el grupo de Educación de socias de CIMA con expertas como María Castejón, entre otras personas, este documento fue el detonante del programa educativo CIMA10.
Junto a Prime Video, CIMA lleva tres años trabajando la alfabetización audiovisual con perspectiva de género con acciones como un concurso de guiones para jóvenes de 16 y 23 años, que ha ayudado a producir más de 20 cortometrajes en centros educativos de todo el territorio español.
En 2025 se ha actualizado este Decálogo de buenas prácticas, tras ser revisado junto al asesor en diversidad Emilio Papamija y por el equipo y Junta directiva de CIMA. Además, cuenta con nuevas ilustraciones realizadas por Ximena Ríos, que le dan una nueva identidad visual más dinámica y moderna acorde al público al que se dirige.
Tanto en su forma como su contenido, se ha intentado mantener el espíritu divulgativo de los 10 puntos con ideas como la inclusión de personajes femeninos activos y complejos o evitar la sexualización de las mujeres en pantalla, incorporando además una mirada interseccional que tenga en cuenta todo tipo de identidades y realidades, desde el género hasta la edad, el origen, la clase o la orientación sexual de los personajes.
