EDITORIAL / “Que decir por mí siga siendo tanto como decir por todas mis compañeras”

Queridas compañeras,

con estas últimas palabras me gustaría hacer balance de una etapa que concluye. Hace ya cuatro años llegué a la presidencia de esta asociación y, en el marco de la celebración de la Asamblea General, paso el testigo a un nuevo equipo liderado por mi querida Cristina Andreu.

Me gustaría impregnar estas últimas ideas de un tono personal y cercano, algo más alejado de los rigores de los discursos oficiales que he mantenido en todas las intervenciones públicas donde me ha tocado representar con inmenso orgullo a CIMA. Seguro que en estas participaciones he cometido errores y en este sentido os pido disculpas por todos los fallos que he podido cometer durante estos años.

Este es un momento emocionante y jubiloso para mí. Concluye una etapa que sólo puedo calificar como fascinante. Un periodo que, como un gran guion, ha tenido de todo: acción, reflexión, emociones, protagonistas aguerridas, antagonistas poliédricos, secundarios/as de lujo, complicaciones aseguradas, giros inesperados y, por fin, un desenlace en positivo que nos hace mirar al futuro con optimismo desde un año marcado por el rojo de nuestros abanicos y la demanda legítima de la igualdad para todas y especialmente para las profesionales de nuestro sector.

Es estupendo concluir un ciclo con un buen sabor de boca. Es maravilloso irse no condicionada por elementos externos, ni por la enfermedad, ni por presión, ni por incompatibilidades. Definitivamente, es mucho mejor marcharse tras haber ganado la Champions que obligada por una moción de censura.  Me voy contenta y me voy a escribir, esta vez a pleno rendimiento, lo que duplica mi felicidad, sin duda.

Tengo que deciros que hemos vencido, compañeras. En este 2018, hemos ganado. Evidentemente no todo, pero sí mucho. No quiero alargarme con datos sobre nuestras actividades o sobre la presencia de CIMA en la elaboración de leyes de nuestro sector y en los principales foros donde se regulan decisiones que nos afectan. Tampoco quiero hacer un glosario de los momentos complicados que hemos atravesado o relataros el compromiso de muchas de nosotras adquirimos con esta asociación comprometiendo tiempo personal y laboral para dedicarlo a CIMA asumiendo el principio de trabajo colectivo que debía guiarnos. Cuando representamos a CIMA no nos representamos a nosotras, representamos a más de 300 compañeras. No se trata de que hay de lo mío. Se trata de lo de todas. Desde la cortometrajista de Murcia que comienza su andadura hasta la profesional con más reconocimientos de nuestra cinematografía. TODAS.

Sin embargo, sí debo dar las gracias a todas las compañeras que han participado en esta etapa. A todas las socias que habéis colaborado activamente con CIMA y espacialmente a la Junta Directiva.

Gracias, Juana Macías. Vicepresidenta con la que arrancó este recorrido y que fue esencial para el diseño de la estrategia de esta asociación y que ha sido ideóloga y madre del nuestro Mentoring. ¡Gracias!

Gracias, Patricia Roda, secretaria y piedra sólida en nuestra asociación. Al mando en tierras aragonesas y dirigiendo el Ciclo Mujeres que no Lloran junto con Ángeles Maeso. Maña, querida.

Gracias, Irlanda Tambascio. Por tu talento, por tu sensibilidad, por estar siempre echándonos un cable en la técnica. Por dibujar nuestro camino con tanto arte.

Gracias, Nieves Maroto. Tesorera con la capacidad resolutiva más alta que conozco. Por estar ahí siempre como un baluarte seguro. Por impulsar el programa Impulsa. Por pedirme contraseñas para hacer transferencias los domingos por noche.

Gracias, Inés París, presidenta, fundadora, faro y guía. Imprescindible con su apoyo y tutela siempre certera.

Gracias, Ángeles Maeso. Mi talentosa hermana pequeña. Gracias por tu compromiso durante todo este tiempo y por abrirnos la mirada, algo inmensamente necesario.

Gracias, Patricia Ferreira. Culpable de que yo me encuentre aquí en casi todo. Indispensable tu orden, criterio y conocimiento de la asociación y las normativas. En todo y para todo. Siempre es un privilegio trabajar a tu lado. Lo sabes.

Gracias, Adriana Hoyos. Por ser pieza imprescindible en el Mentoring y por trazar las líneas de una comunicación exitosa para la asociación. Gracias, en este ámbito a Begoña Piña, prensa y a Dulce Tendero, redes. Sois imprescindibles.

Gracias, Silvia Marsó, en línea con las compañeras actrices, primeras afectadas por los contenidos que lanza nuestro audiovisual a través de los personajes que interpretan.

Gracias, Irene Cardona, compañera a la que conocí en la universidad y he tenido el privilegio de conocer de mucho más cerca en CIMA. Gracias por, junto Irlanda, impulsar el contacto entre socias y nuestro CIMA en Corto.

Gracias, delegadas. Mi querida Chelo Loureiro, estos abanicos y la alegría y el Mais Mulleres, son tuyos. Gracias Marta Figueras, por tu sonrisa y por todo el trabajo desarrollado en Cataluña. Gracias Giovanna Rives (y antes Rosana Pastor) por trabajar desde Valencia con tanto empeño y gracias, por supuesto, a Julia Oliva, delegada en Andalucía, con quien tantos momentos he compartido y con la que tanto hemos progresado en Andalucía. Gracias por tu complicidad.

Gracias finales y destacadas, a Cristina Andreu. Maravillosa cineasta y amiga que ha aceptado el reto de quedarse al frente. Gracias por cubrirme en los peores momentos. Por no fallar nunca. La nave ahora es tuya, Cristina. Y yo siempre, siempre, estaré a tu lado.

Y por supuesto, gracias a Josefina Molina. Gracias por fundarnos. Y por insistir, como la gota que horada la piedra, en el principio fundamental de solidaridad sin el que no hubiéramos podido subsistir y al que debemos nuestra raíz.

Sólo os pido que ese principio no se nos olvide nunca porque es el que nos diferencia, eleva y nos hará crecer. Nuestro compromiso es solidario con todas y para todas. Que decir por mí siga siendo tanto como decir por todas mis compañeras. Que ese siga siendo para siempre nuestro lema.

Gracias

Virginia