PUNTO DE VISTA / Una gran y silenciosa revolución. Por AMAYA IZQUIERDO

Cientos de miles de jóvenes abandonamos España durante la primera legislatura de Rajoy. Yo me fui unos meses antes a Costa Rica, un país que me acogió y en el que pude desarrollar mi carrera como productora de cine sin conocer prácticamente a nadie allá. En seis años estrené cinco largometrajes y ahora tengo dos hogares que amo y familia y amigos a los dos lados del ‘charco’.

A los tres años de llegar, conocí a Antonella Sudasassi, la directora de ‘El despertar de las hormigas’. Ella venía llegando al país tras haber vivido varios años en Europa y tenía un proyecto entre manos.

Tras mucho charlar, soltó: “Lo que quiero es investigar qué es esto de la sexualidad femenina. Entender”. Empezamos a compartir experiencias y a hacernos preguntas, y empezamos a trabajar en ‘El despertar de las hormigas’, un proyecto multidisciplinar que incluye a mujeres artistas de diferentes ámbitos (pintura, escultura, literatura y cine) con el que hicimos un cortometraje y el largometraje de ficción que hoy está fascinantemente nominado a Mejor Película Iberoamericana en los Premios Goya.

Y digo fascinantemente porque en Costa Rica no tenemos Ley de Cine, las televisiones prácticamente no coproducen (por lo general películas de perfil comercial dirigidas por hombres) y, hasta hace unos pocos años, no había ningún Fondo Nacional de Fomento a la Producción de Cine (Ibermedia cambió completamente el panorama). El primer largometraje de ficción dirigido por una mujer en Costa Rica se estrenó hace poco más de 15 años, y este 2019 SIETE películas costarricenses dirigidas por mujeres se han estrenado en festivales de la talla de Berlín, Cannes, Sitges e IDFA.

Las películas de mayor trayectoria en festivales internacionales son dirigidas por mujeres como Ishtar Yasin, Paz Fábrega, Alexandra Latishev o Sofía Quirós, solo por citar algunas de las mujeres que han estrenado largometrajes en los últimos cinco años. La investigadora de cine María Lourdes Cortés explica que las mujeres hemos logrado hacernos con nuestro espacio porque el modo de producción todavía no se consolida como industrial.

En Costa Rica, el cine se hace, mucho, a pulmón. Pero Costa Rica es una excepción, casi un caso de estudio, en el cine iberoamericano.

El mes pasado, después de más de 25 años de intentarlo, una propuesta de Ley de Cine consensuada entre los distintos sectores, se votó favorablemente en comisión legislativa y ahora el Plenario deberá votarla. La ley modifica el impuesto de espectáculos públicos para incluir a cableras y plataformas digitales. De hecho, pretende reducir el impuesto (de un 6% a un 1,5%) pero aumentar la recaudación incrementando la base contributiva.

Con el país sumido en una importante crisis fiscal, es muy difícil que la población entienda que pagando unos céntimos más por el cable o la cuenta de Netflix lograríamos que nuestra industria crezca para poder seguir contando nuestras historias y que nuestro cine siga existiendo. Las cableras ya salieron a protestar en contra, su brazo político es mucho mayor que el que pudiera tener nuestro pequeño sector. Para nosotras, la nominación ya es un cambio de panorama, porque los medios y el sector cultura están volcados en apoyo a la película.

Revisando rápidamente, en toda la existencia de los Premios Goya solo once mujeres directoras han estado nominadas a Mejor Película Iberoamericana (algunas en conjunto con hombres) y sólo una mujer ha ganado (Lucía Puenzo). Esto es algo menos de un 9%, y debemos tener en cuenta el repunte de la representación de las mujeres en los últimos años en esta categoría.

La nominación de ‘El despertar de las hormigas’, para nosotras, es histórica no sólo porque el reconocimiento de las mujeres en los premios alcanza cifras muy bajas este año y esta es una película dirigida, producida y protagonizada por mujeres, con mujeres en todos los departamentos técnicos de filmación, sino porque hemos logrado esta nominación en este contexto político e industrial con una película feminista.

No podemos obviar el contexto que viven las mujeres en América Latina, donde las calles estallan a diario con reclamos contra la violencia explícita. Quizá precisamente por eso la película ha logrado calar, porque nos cuenta una historia donde el machismo se hereda no necesariamente por mala intención sino por costumbre, y esto cuesta más notarlo, cuesta más cambiarlo. Esta película se suma al diálogo, y gracias al lugar que ha llegado, deja ver que también a través de los cambios aparentemente pequeños, se puede lograr una gran y silenciosa revolución.

(Amaya Izquierdo es la productora de ‘El despertar de las hormigas’, película escrita y dirigida por Antonella Sudasassi)