PUNTO DE VISTA. Latinoamérica es mujer. Por INÉS PARÍS

Acabo de pasar 10 días extraordinarios formando parte del jurado de ficción del 39 Festival Internacional de La Habana cuyo nombre exacto es Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano, haciendo honor al movimiento que en los años sesenta lideró el cineasta cubano Alfredo Guevara y que logró afianzar en el continente una cinematografía de autor y comprometida con la realidad.

Estábamos a mitad de semana y habíamos visto unas 12 películas, cuando el presidente del jurado, el director mexicano Felipe Cazals, ganador del Oso de Plata en Berlín en 1976 con la magnífica película ‘Canoa’, un cineasta apasionado y sabio, nos comentó que observaba algo que era común a casi todas  las películas de nuestra sección: la centralidad de los personajes femeninos. Efectivamente, la mayoría de las películas tenían unos personajes de mujer complejos y novedosos magníficamente interpretados por actrices de toda edad y raza. Mujeres protagonistas de las historias y mujeres  protagonistas de sus vidas, enfrentadas a  situaciones que las colocaban, como se comentó en nuestro jurado, en el “centro del universo”: caracteres que debían enfrentar la supervivencia económica, afectiva y moral en un mundo en crisis.

Estos magníficos personajes femeninos estaban además, observamos, más allá de los estereotipos que definen lo femenino y lo masculino. La misma relación entre hombres y mujeres,  tanto en términos familiares como de poder o en lo relativo al imaginario sexual, se ponían una y otra vez patas arriba para proponer historias que nos entretenían a la vez que inquietaban pero que, sobre, todo resultaban apasionantes por novedosas e imprevisibles.

Detrás de estas películas, tanto de las de nuestra sección como de las otras, lo que había era un importantísimo plantel de mujeres dirigiendo, escribiendo y produciendo. En la sección oficial a concurso (Ficción Largometraje)  había 19 películas y de ellas 8 dirigidas por mujeres: Anahi Berneri, argentina igual que Lucrecia Martel, las mexicanas María Novaro y Jimena Montemayor; Marcela Said, chilena, Lucía Murat brasileña al igual que Daniela Thomas y Carolina Jabor.

A excepción de  Lucrecia Martel con la magnífica película ‘Zama’, protagonizada por Diego de Zama, funcionario de la corona española en el siglo XVIII, de María Novaro con una película absolutamente fresca, a medio camino entre el documental y la ficción protagonizada por su propios nietos, niños y niñas; el resto de las directoras nos presentaron películas con unos personajes femeninos protagonistas difíciles de olvidar.

‘Alanis’, de Anahí Berneri que mereció el Coral a la Mejor Película con su retrato crudo y desgarrador de una madre que cría a su hija en soledad mientras se ve obligada a prostituirse; ‘Plaza París’ de Lucia Murat que retrata la relación de dos mujeres: una criada en las favelas y la otra una psicoanalista; ‘Vazante’ donde conocemos a Beatriz una niña a la que casan a los doce años con el dueño de una hacienda perdida en la selva; ‘Los perros’ de Marcela Said que relata de historia de una mujer de la alta burguesía chilena cómplice de las mentiras sobre las que construye su bienestar, y ‘Restos del viento’ de Jimena Montemayor protagonizada  por un personaje monumentalmente interpretado por Dolores Fonzi que encarna a una madre a la vez sensual y destrozada.

El imponente talento y el enorme trabajo y empeño que sin duda había detrás de cada una de estas películas (y de las que participaban en las otras secciones) fue reconocido por todos lo jurados. El día de la clausura esta importante presencia femenina detrás de las películas se encarnó en las mujeres concretas que una tras otra, argentinas, chilenas, mexicanas, brasileñas y cubanas fueron subiendo al escenario, felices de recoger los premios. ¡25 de los 34 premios del festival fueron a parar a manos femeninas!

La enorme alegría con la que regresé de Cuba quedó empañada al observar el contraste de esta realidad que acabo de describiros con las nominaciones a nuestros premios Goya. Como ya sabéis las mujeres profesionales solo hemos obtenido 30 nominaciones frente a las 83 que quedan en manos de nuestros compañeros.  Pero atención, como rezaba el titular de CIMA que dio la noticia: “Sólo se separa de esta tendencia el apartado de Mejor Película Iberoamericana, en el que las profesionales alcanzan un 67,5%.”

Vaya. De nuevo parece que la cinematografía latinoamericana da un espacio a las mujeres que nosotras, las españolas, no tenemos ¿Por qué?  ¿Qué está pasando en Latinoamérica que no nos pasa aquí?

Pues la única respuesta que puedo dar a este asunto es NADA. No es verdad que haya una enorme diferencia en lo que respecta a la realidad de las mujeres profesionales en los dos continentes.

El año pasado la Federación Iberoamericana de Academias de Cine que incluye ocho países (Argentina, Colombia, Ecuador, España, México, Paraguay, Portugal y Venezuela) nos ofreció algunos datos sobre la realidad de las mujeres profesionales en el continente latinoamericano: hay pocas directoras –18%, guionistas –22% y productoras 27%–, especialmente en los proyectos de mayor envergadura. También son muy escasas las mujeres en apartados técnicos y artísticos como fotografía, sonido y música –7% en cada especialidad–. El porcentaje se incrementa ligeramente en montaje –22% y actuación, campo en el que ellas superan el 50%-51%–. Del total de estrenos de 2016 en los citados territorios, 798, solo un 10% fueron dirigidos por mujeres en el género de ficción, mientras que en el documental alcanzaron el 21%. 

Como veis los datos no son muy diferentes de aquellos que describen la realidad española. ¿Y entonces?

Lo que ha pasado en Cuba es que había una buena selección de películas. Una selección que hacia justicia al talento de las mujeres porque las mujeres, eso lo sabemos bien, hacen muy buen cine. (Como alguna vez he escuchado a Chus Gutiérrez, “habremos alcanzado la igualdad cuando haya tantas películas malas de mujeres como de hombres)  pero nuestras películas se ven menos, tienen peor distribución y con frecuencia son ninguneadas por los seleccionadores de los principales festivales.

Estamos en un buen momento porque hemos logrado que los personajes femeninos y las mujeres profesionales del cine y la televisión tengan “foco”. En este momento se nos mira y se habla de nosotras como nunca. “Estamos de moda” o al menos lo hemos estado durante el año pasado. Somos parte de un movimiento general de empoderamiento de las mujeres. El año 2017 ha sido un año “feminista” se dice en todas partes. Todo esto tenemos que celebrarlo.

Pero… ¡cuidado! Que no se quede en buenas palabras. Es el momento de elaborar un listado de objetivos y organizarnos para conseguirlo. Y mejor si lo hacemos aliadas con las cineastas latinoamericanas con las que tanto tenemos en común.

Yo propongo un primer objetivo: que los festivales se comprometan a un mínimo de un 40% de películas dirigidas por mujeres en la sección oficial. ¿No son tan feministas y organizan tantos foros sobre el tema? Pues que se comprometan. Ya veréis que, como sucedió en Cuba, las mujeres empezamos a inundar los escenarios y las pantallas.

Inés París.  Directora y guionista. Presidenta de la Fundación SGAE