Joanna Hogg, una de las voces más relevantes del cine europeo actual

Joanna Hogg (Londres, 1960) protagoniza uno de los ciclos retrospectivos del 16 Festival de Sevilla, en el que se proyectan de forma inédita en España los cuatro largometrajes que forman su filmografía. El último de ellos es ‘The Souvenir’, una película rodada en dos partes y apadrinada por Martin Scorsese. Ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance, en esta película la cineasta habla sobre su propia experiencia y la búsqueda de su voz como autora.

“Esta película me ha hecho cuestionar mucho el comienzo de mi viaje en el cine. Fui fotógrafa antes que directora, pero siempre me he considerado cineasta, ya estuviera haciendo cortos, largometrajes o televisión. Mi confianza ha crecido quizá, pero el espíritu es el mismo desde que tenía 19 años”.

En un encuentro en el marco del Festival de Sevilla, Hogg ha hecho referencia a sus experiencias anteriores al cine: “He pasado mucho tiempo criticando el tiempo que pasé haciendo televisión, minusvalorándolo, pero luego he sido consciente de que fue positivo poder planificar las películas que iba a hacer más tarde. Mi cine no se entendería sin el ímpetu que ya tenía entonces y sin el aprendizaje que hice sobre cuestiones como dónde poner la cámara, cómo trabajar con actores y la improvisación de rodar algunas escenas sin guion”.

La directora británica, que está ahora en mitad del proceso de montaje de la segunda parte de ‘The Souvenir’, ha dicho que actualmente se encuentra en una telaraña mental: “En ella cuenta lo que yo pienso sobre mis películas, sino lo que piensan mis personajes”. Así, ha explicado, a través del personaje de Julie, su alter ego en el filme, “repienso mi propia motivación sobre qué tipo de cine he hecho y cuál quiero hacer en el futuro”.

A propósito de la importancia de los espacios en este título y de la casa en donde se desarrolla la historia, ha comentado: “No me planteé reflexionar sobre la arquitectura, pero tenía que conocer el espacio como si fuera un buen amigo mío. Para esta película, la casa llegó primero, y luego llegó la historia que se desarrollaba en ella. Aunque lo que me interesaba sobre todo era la relación entre esas dos personas que la habitan, y cómo la vida profesional afecta a la vida diaria de pareja”.

Con la silenciosa rotundidad de las cosas realmente grandes, las películas de Joanna Hogg se han ido abriendo paso para mostrar una de las voces más personales y consecuentes del cine europeo actual. Su particular forma de concebir la narración está gobernada por la lógica de la subjetividad: sin sentimentalismos habla de las contradicciones y mil caminos laberínticos por los que discurre nuestra interacción con la gente que queremos.

Con un gran sentido pictórico y un manejo magistral de los colores, en sus películas también los espacios, las casas y los paisajes tienen un papel fundamental. Porque las turbulencias emocionales pueden estar en sintonía con el más profundo goce estético. Un fulgor discreto que hace que todas y cada una de sus películas permanezcan con nosotros después de salir de la sala de cine, apoderándose de nuestros pensamientos sin que nos demos cuenta. Como las mejores obras de arte.