Isabel Coixet: “Rezad a Agnès Varda”

Isabel Coixet (CIMA) pronunció un magnífico discurso en la recogida del Premio Nacional de Cinematografía, en un acto que se celebró en el centro Tabakalera de San Sebastián, donde la acompañaron, entre otros, Cristina Andreu, gran amiga suya y presidenta de CIMA; Icíar Bollaín (CIMA) y Fernando Lara. El ministro de Cultura y Deporte, José Manuel Rodríguez Uribes, recordó el amplio currículo de Coixet, su carrera repleta de grandes obras y premios, su compromiso por la igualdad, su huida de los estereotipos, su reflejo en pantalla de la solidaridad y “por recordar que el dolor humano no es ajeno”.

Aquí, el discurso íntegro que pronunció Isabel Coixet:

Muchísimas gracias a todos los que habéis decidido premiarme, a todos los que estáis aquí enmascarados, a los que no habéis podido venir, a todos los que por alguna razón que se me escapa habéis creído en mí siempre, tenéis mi eterna gratitud. Soy de esas personas imposibles que cuando no les dan un premio, piensan que no se lo merecen, y cuando se lo dan, también.

Me gustaría pronunciar unas palabras dedicadas a todas las personas que quieren hacer lo que yo hago. Voy a invertir el premio en echarles una mano y estaría bien que, antes de nada, escucharan las cosas que me hubiera gustado que alguien me contara cuando empecé.

1/ Pregúntate por qué quieres hacer cine. ¿Querías ser pediatra y no sacaste bastante nota? ¿No eres un lince en matemáticas y crees que el cine será más fácil? ¿Te gustan las sillas de lona con tu nombre? ¿Piensas que las sillas de lona con tu nombre son cómodas? ¿Crees que si te sientas en una de esas sillas de repente todo el mundo te va a hacer caso? ¿Te han dicho que ligarás más? Si has contestado sí a alguna de estas preguntas, olvídate del cine y dedícate a otra cosa. Las granjas de pollos siempre necesitarán sexadores. Y los chihuahuas, veterinarios, algo que a mí me hubiera gustado ser. Veterinaria digo, no chihuahua.

2/ Lee, pregunta, escucha, observa, mira. Y observa. Y observa. Y escucha. Y fíjate. Observa la sonrisa forzada de una anciana en el autobús cuando te agradece que le cedas el asiento. En el gesto furtivo de un niño que se tira de las mangas del jersey que le pica y que una tía bienintencionada le ha regalado. En una pareja silenciosa en un café que se aferra a los planes con amigos para seguir juntos. Y en el camarero, angustiado por llegar a fin de mes que les trae un cortado que no pidieron.

Y cierra los ojos y en el pequeño cine de tu cabeza proyéctate el temblor en las manos de esa anciana, la exasperación del niño, la pasión desigual de la pareja, el sol deslumbrante reflejado en la cucharilla del cortado. Tienes derecho a inspirarte en todas esas…. Pero también si te vas a las quimbambas a hacer un documental sobre una tribu de cuya existencia nadie sabía nada o te inventas un planeta de dinosaurios zombis. Aunque antes, créeme, fíjate de verdad en cómo la vida se desenvuelve ante ti. Porque eso te servirá para rodar a tus amigos y conocidos o a filmar a la tribu que nunca ha visto a alguien como tú. O a los dinosaurios zombis. Eres una cámara. No le tengas nunca miedo a la cámara. Haz de ella tu prolongación. O haz de ti la suya. Construye incesantemente tu punto de vista. Viendo cine, leyendo, soñando, yendo a espectáculos de danza o entrando en un bar y escuchando a los parroquianos que comen anchoas mientras interpelan al televisor.

3/ No pierdas el tiempo en criticar a los que están consiguiendo tu sueño antes que tú, no pierdas el tiempo en quejarte de lo difícil que es todo, en maldecir a los que no te contestan llamadas, emails, preguntas y ruegos. Quieres dirigir películas; en ningún lugar está escrito que fuera fácil, asúmelo. Cada segundo que pierdes en alimentar tu rencor te aleja de tu objetivo. Créeme: he pasado por ahí. He estado en ese limbo que no lleva a ningún sitio. Abandónalo cuanto antes. Ponte las pilas. Y si no te las pones, no te quejes. O quéjate sin que nadie te vea.

4/ Festivales de cine: otra trampa. A pocos metros de aquí hay una cafetería en la que hace treinta años, exactamente una mañana como hoy, me senté con los periódicos que destrozaban mi primera película. Cada crítica era más sangrienta que la siguiente. Estuve horas en esa cafetería en shock. Pasaron 7 años hasta que pude dirigir la segunda. Y aún hoy al venir aquí y pasar por delante de ella no he podido evitar un escalofrío. Me hubiera gustado decirle a esa chica que se deshidrató llorando en la terraza que los festivales de cine, además de lugares donde descubrir películas, son las plazas de toros donde torean los egos de los directores, de los productores, de los actores y de los directores de festivales. Cuanto más elitistas, más arbitrarios. Así que si tienes un ego pequeño y frágil, como yo, tarde o temprano sufrirás. No es el fin del mundo, créeme. Escuece, pero nada que sumergirte en un nuevo proyecto no pueda curar. No te va a querer todo el mundo: grábate eso en la cabeza. Tatúatelo si hace falta.

5/ Respeta a todos los miembros del equipo desde el meritorio hasta los que se ocupan del catering. Todos están ahí para que tú puedas realizar tu sueño. Sé agradecido. No menosprecies la opinión de nadie ni emitas órdenes arbitrarias solo para demostrar quién manda. Un set de rodaje no es un lugar para volcar tus frustraciones. Ven llorado, meado y psicoanalizado de casa.

6/ Que dirijas películas no quiere decir que seas un oráculo sobre política o historia o ética. Te preguntarán cosas de las que a veces no tienes ni idea o de las que ni siquiera te has formado una opinión. No tengas nunca miedo a decir lo que piensas o a decir que no sabes qué pensar. Los directores no somos gurús ni políticos ni mesías ni epidemiólogos ni politólogos. Tu discurso está en lo que haces. Tus películas, lo quieras o no, serán siempre productos de la historia, la política y la ética. Del mundo en el que te has criado. De tu mirada sobre él: sea amable, dura, rabiosa o inquisitiva.

Y, como dijo uno de mis personajes, “entenderlo todo hace a la mente perezosa”.

7/ Dirigir actores: algo por lo que siempre me preguntan. Para mí es fácil porque me enamoro de ellos. Así de simple. Si no te gustan los actores, si les temes, o son para ti un obstáculo inevitable, reconsidera lo de todos los pollos que necesitan sexador. O la animación. Pero incluso para la animación necesitas empatía, conocimiento de la naturaleza humana, paciencia, ternura, cariño. Piensa en Miyazaki.

8/ Carteles, marketing, maneras de vender películas, créeme nadie sabe nada. En estos treinta años de carrera una de las pocas cosas que he aprendido es que todo el mundo a tu alrededor quiere poner la patita en tu película. Lo cual es estupendo si tienen buenas ideas. Raramente es así. Esfuérzate lo que puedas en la promoción, pero desengáñate: si, por lo que sea, la gente no quiere ver lo que has hecho no irán. Tu deber es hacer la mejor película que puedas y sientas. Quizás es para menos gente de lo que creías o deseabas. No pasa nada. Hay alguien allá afuera que conectará con ella. En el cine nunca, nunca, nunca hay garantías. Comete siempre tus propios errores.

9/ No hagas películas pensando en el público o en los festivales o en los críticos o en tu madre. Pero nunca les des la espalda. Una película es un encuentro de tu mirada con la del espectador… Una película no puede ser el espejo de tu vanidad. Es un espejo a compartir. Con dos. O con 2.000. O con 200.000. A veces, querer llegar a dos millones puede hacer que te quedes sin nadie. Y no hay nada más triste que hacer películas para nadie. Tú incluido.

10/ Habrá gente que cuestione tu papel en la sociedad, te llamarán rata, lacayo, titiritero, farsante, inútil, pretencioso, idiota, pedirán tu cabeza públicamente. No es bonito, pero tampoco es el fin del mundo. Ojalá todas esas personas dedicaran sus bríos a mejorar la vida: viviríamos en un mundo notablemente mejor. Mientras tanto, aprieta los dientes y recuerda que haces cine y no eres un predicador, no sueltes sermones. Sé desobediente. Ríete de tu sombra. Ten presente siempre que, incluso para los que la desprecian, la Cultura es el futuro. Y que se metan sus apelativos donde les quepan.

11/ La falta de dinero, equipo, presupuesto nunca puede ser una excusa. Nunca. Crécete ante las limitaciones. Adáptate. Vivimos en una ola de incertidumbre como pocas veces se han visto en la historia de la humanidad. A falta de certezas, abraza la niebla. No queda otra. La niebla.

12/ Este último punto está dedicado a las mujeres cineastas que empiezan. Todo lo que he dicho antes se aplica por supuesto a vosotras, pero tengo dos noticias: la mala noticia es que todo lo que he apuntado tendréis que multiplicarlo por mil, tendréis que observar mil veces más, tendréis que fijaros más, que esforzaros más, que ser mil veces más fuertes, estar mil veces más serenas, más centradas, más curtidas. Os insinuarán una y mil veces que todo lo que obtenéis es por ser mujeres, y perversamente los obstáculos que os pondrán serán por serlo. La buena noticia, creedme, es que, por fin, en los últimos años siento que esto está cambiando, que hay un interés real por nuestra mirada, por nuestra manera de filmar y de estar en el mundo. Ha costado llegar hasta aquí. Recordad siempre a las que han abierto camino. Nunca os creáis la última coca-cola en el desierto, el último huevo duro del picnic. Si queréis rezar a alguien, rezad a Agnès Varda. Ayudaos todo lo que podáis entre vosotras, ese es hoy por hoy, nuestra mayor responsabilidad.

Yo me esforzaré en apoyaros hasta que llegue un día en que no haga falta. Hasta ese día, abracemos juntas la niebla.

Posdata: Respeto absoluto a los sexadores de pollos, a los veterinarios, y a los camareros. Y a los chihuahuas.