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Desde que hicimos público el último estudio de datos de CIMA de 2015, presentado en la jornada del III CIMA Mentoring (y que podéis encontrar aquí http://cimamentoring.com/informe-anual-2015/) ha sido un no parar de entrevistas y explicaciones públicas. A veces tenemos la sensación de ser algo reiterativas pero merece la pena ser insistentes cuando el dato es el que es y nos deja a las mujeres del cine en un 26% de representación frente a un 74% de varones. Es imposible no pensar en las realidades de otros países que nos rodean. Recurrimos a los datos que en 2014 hizo públicos el Observatorio Audiovisual europeo en Cannes: sólo el 16% de películas europeas estaban dirigidas por mujeres y las españolas apenas llegaba a un 10%. Según el CNC francés las directoras francesas en 2012 estaban en una representación del 23% y en ese mismo año, en Suecia, la muy indulgente y democrática Suecia, que diría Claire Danes de Homeland, la presencia de directoras era de un 26%.

Rastreamos la realidad de Suecia y de pronto, ¡oh, sorpresa! descubrimos que en 2015 el 50% de películas suecas habían sido dirigidas por mujeres. En un periodo de un poco más de tres años se ha producido una radical variación orientada hacia la igualdad. Pero, ¿qué ha ocurrido? ¿cómo ha sido posible el milagro?¿qué ha pasado para que se operara esta revolución? Ha ocurrido una mujer. Una profesional competente y comprometida con la igualdad cuyo objetivo es cambiar la realidad de las mujeres cineastas de su país para conseguir una representación equitativa dentro de su cinematografía. Es la directora general del Instituto Sueco de Cine y se llama Anna Serner. Y es la heroína de nuestra historia.

Serner llega al Instituto de Cine en 2011. No tarda en acceder a los datos y analizarlos desde una perspectiva de género. El resultado no le gusta: sólo un 26% de películas dirigidas por mujeres. Pero no se queda en la queja. El dato indica un desequilibrio a corregir y a partir de ese momento Serner se empeña en que la igualdad se convierta en una prioridad real. Se pone manos a la obra y comienza a diseñar un plan de acción, haciendo hincapié en las especialidades de guion, dirección y producción. Es un plan que no gusta a muchos y por los que la directora general recibe críticas. La industria del cine se siente amenazada y los que están arriba no quieren que las cosas cambien. Los cambios suponen esfuerzos y el inmovilismo es infinitamente más cómodo. Los que no quieren que nada cambie tienen poder y lo ejercen mediante presiones y voces públicas. Pero la directora general no se achanta. Su cargo es público y se asegura de tener apoyos en el gobierno y en su propia casa, el Instituto del cine. Convence con su discurso comprometido con la igualdad. “Es necesario tener muchos amigos cuando tus enemigos son fuertes”, dice Anna, que a estas alturas de nuestra historia ya se ha definido como una gran protagonista, sin miedo y decidida a conseguir su objetivo.

Diseña un plan para cambiar eso que no le gusta y aprovecha los argumentos de los inmovilistas para derribarlos. De esta manera no sólo establece un plan estratégico de acción si no que además genera toda una batería de argumentos que le garantizan la réplica ante futuras críticas.

Su plan estratégico se basa en cuatro falacias y una verdad.

Primera falacia: “Hay pocas mujeres directoras competentes”. Respuesta: “No es que haya pocas, es que no se las ve”. Medida de acción concreta: en un país con la mayor penetración de acceso a Internet del mundo, crea el sitio web Nordic Women in Film, donde se agrupan trabajos tanto recientes como históricos de mujeres comenzando a crear un entorno referencial reconocido y avalado por grandes firmas autorales. Facilita el acceso a las obras de mujeres a las rodea de respeto y reconocimiento.

Segunda falacia: “Las mujeres no llegan a hacer su segunda o tercera película”. Respuesta: “Sí las hacen pero con más dificultades, lo que implica una menor visibilidad de sus obras” Medida de acción concreta: para facilitar el camino hacia esa continuidad en sus filmografías se crea el programa mentor Moviement, en el que cinco directoras consagradas guían a diez con una sola película en su haber para aprender técnicas de estrategia y empoderamiento.

Tercera falacia: “Tener en cuenta el porcentaje de mujeres y de hombres no nos llevará a la igualdad”. Respuesta: «Sí lo hará si los datos nos sirven para articular acciones positivas concretas» Medida de acción concreta: el Instituto sueco de cine evalúa los filmes van a ser dirigidos por mujeres y hombres y otorga sus ayudas públicas de forma equitativa. Lo hace de forma legal y sin complejos, aplicando los mismos criterios correctores que se aplican en democracia en otros muchos sectores para corregir desequilibrios.

Cuarta falacia: “No hay tantas chicas jóvenes que sueñen con ser directoras como chicos”. Respuesta: “No es verdad y, si en algún momento lo es, es que algo ocurre y debemos fomentar modelos y referentes en positivo”. Media de acción concreta: programas educativos en colegios, campamentos, festivales o concursos regionales.

Una verdad: “Los que están en el poder no desean que las cosas cambien y muchos de ellos cuentan con apoyos privados ajenos a la financiación pública y por tanto a sus exigencias”. Media de acción concreta: programas de información y proyectos con productoras y agentes privados del sector que pongan en valor el potencial de las mujeres y sus capacidades de venta.

El desenlace de esta historia ya lo conocéis. Anna Serner consigue en 2015 que el 50% de las películas de la cinematografía de su país estén dirigidas por mujeres, que el 70% de la representación sueca en los festivales más importantes del mundo sea femenina y que las directoras, guionistas y productoras reciban ese año el 60% de los premios Guldbagge, los Goya suecos.  Nuestra heroína ha conseguido su objetivo aunque todavía sabe que le quedan cosas por conseguir y por eso en la actualidad diseña el plan estratégico para 2017/2020. Final en alto. Funde a negro. The End.

Las acciones positivas promovidas por Serner en su plan estratégico no son ajenas a CIMA. Hemos articulado redes donde se exponen los trabajos de mujeres cineastas e invertimos esfuerzo y dedicación a hacer visible y difundir estas obras en distintos espacios. Hemos levantado un programa mentor, el CIMA Mentoring, que ha conseguido que tres producciones firmadas por mujeres se conviertan en realidad. También realizamos actividades en espacios públicos y de formación que promueven el encuentro con las cineastas para que las jóvenes cuenten con referentes en positivo que les animen en su camino profesional. Pero CIMA es una asociación, no un organismo oficial. Podemos alentar al ICAA, a su directora, a los agentes públicos y privados que determinan nuestra cinematografía, como de hecho hacemos, para que tomen medidas a favor de la igualdad para conseguir una presencia equitativa de mujeres en nuestra cinematografía pero no conseguiremos hacer de ese objetivo una realidad hasta que no haya una implicación resuelta y de carácter estratégico y global como la que ha mantenido Anna Serner. Sólo con alguien decidido a conseguir un objetivo del 50% se conseguirá el 50%. Sin miedos, sin complejos y sin medias tintas.

Por eso nuestra mirada se coloca en Suecia y por eso soñamos con una Anna Serner para España. Una mujer competente y con una firme convicción. La heroína de la película que todas quisiéramos firmar.